domingo, 26 de agosto de 2012

Denuncias penales por administración fraudulenta en perjuicio del diario La Capital de Rosario

Las recuerda el periodista Alberto Amato en una breve biografía sobre José Luis Manzano, para el Diario Los Andes* de Mendoza. Amato enumera que Manzano en los ’80 fue parte de la renovación peronista, giró a hombre clave del menemismo y hoy vuelve a negociar a la Casa Rosada como cabeza del segundo grupo de medios de la Argentina

Manzano: del “robo para la corona” a empresario aliado
Por: Alberto Amato
Fue pionero, y mentor, del “camaleonismo” político. Y acuñó una frase, amoral, que fue su sello y condena: “Yo robo para la corona”, con la que pretendió dar un aire de legalidad a la corrupción, siempre y cuando los delitos se cometan en beneficio del amo político de turno.

Hoy, a los 56 años -nació el 9 de marzo de 1956 en Tupungato-, el mendocino José Luis Manzano lidera el segundo grupo de medios de comunicación de la Argentina, es un operador en las sombras en un ámbito en el que alguna vez, en los albores de la democracia recuperada, encarnó las virtudes de un joven político renovador y lucha en vano por quitarse de encima la imagen que forjaron sus propias decisiones: de su último intento de hacer política en su provincia natal desistió después de que las encuestas arrojaran un 71% de imagen negativa. Por mucho menos de eso, en 1992 decidió irse del país y radicarse en Estados Unidos.

Manzano fue el símbolo de la renovación peronista de finales de los ’80, cuando el gobierno de Raúl Alfonsín ya estaba malherido y el peronismo buscaba lavar la derrota electoral de 1983 a manos de la UCR.

El peronismo renovador de entonces llevaba a Antonio Cafiero en la proa de su buque insignia. Pero cuando en 1988, y de forma poco prevista, Carlos Menem derrotó a Cafiero en las internas del PJ, Manzano, entre otros, pegó un rápido y oportuno salto a las filas del menemismo.

Con Menem triunfante, lideró el bloque de diputados del PJ en aquel Congreso en el que el entonces flamante presidente hizo y deshizo casi a gusto para llevar adelante el desguace del Estado. Manzano impulsó y defendió la ampliación de la Corte Suprema que, aprobada por el Congreso, dio a Menem la famosa “mayoría automática” en el Poder Judicial.

La oleada de privatizaciones y venta de empresas del Estado lanzada por Menem hizo que Manzano lanzara su famosa frase que buscaba “legalizar” la corrupción. La publicó, textual, el 6 de mayo de 1990, el periodista Horacio Verbitsky, ligado hoy al gobierno de Cristina Fernández al que también se ha acercado Manzano: “Sólo tengo una cosa que decir -dijo entonces Manzano a sus pares legisladores durante la polémica privatización de Petroquímica Bahía Blanca-. Yo robo para la corona. ¿Les quedó claro o alguien necesita alguna explicación adicional?”.

Verbitsky agrega en “Robo para la corona”, el libro que inmortalizó el desatino del hoy empresario de medios: “Manzano había repetido muchas veces la frase, en el bloque, en el Consejo Nacional peronista, cada vez que enfrentó cuestionamientos por prácticas corruptas”.

En aquellas aguas turbias en las que el menemismo alzó su bandera pirata, Manzano se movió como un salmón rumbo a casa: ágil, certero, indetenible. Formó un trío inseparable, llamado “los mendocinos”, con Roberto Dromi, arquitecto y ejecutor de las privatizaciones, y Eduardo Bauzá, mano derecha del entonces presidente. Manzano abogó por la privatización de Aerolíneas Argentinas y de Entel, presentó su propio proyecto de reformulación de YPF que amplió la lista de activos en venta de la empresa y que Menem aceptó con unas pocas modificaciones.

En medio de una dura interna para despojarlo de la presidencia del bloque de diputados del PJ, Manzano pasó a ser el ministro del Interior de Menem en setiembre de 1991. Debutó con el secuestro de Mauricio Macri, en manos de la famosa “banda de los comisarios”. Manzano buscó el apoyo de Enrique “Coti” Nosiglia para intentar desentrañar el misterio que rodeaba el secuestro. El 17 de marzo de 1992, cuando una bomba demolió la Embajada de Israel en Buenos Aires, Manzano prometió investigar hasta las últimas consecuencias sin que, hasta hoy, hayan sido descubiertos sus autores.

Fue ministro hasta diciembre de 1992, cuando decidió emprender una retirada veloz a EEUU, consciente de que 59% de los argentinos lo consideraba “un político corrupto”. Había dejado de ser “Chupete”, el sobrenombre que denotaba su juventud. Y tenía varias causas judiciales que quedaron en la nada: coacción y asociación ilícita iniciada por el coronel Mohamed Alí Seineldín; el famoso caso de la Tangente (coimas) italiana lo involucró con presuntas maniobras irregulares en Petroquímica Bahía Blanca y en las licitaciones por el DIGI II (Entel) y el río Matanza, entre otros procesos por presunto enriquecimiento ilícito.

En Estados Unidos vivió en California, estudió en la Universidad de San Diego y alimentó un aura de “exilio” que nunca fue tal. Estudió inglés y las internas de la política norteamericana. En 1994 vivió en Washington, se vinculó a los republicanos y estableció alianza comercial con Jorge Mas Canosa, un anticastrista recalcitrante que, sospechan sobre todo en Cuba, estuvo al frente de varios intentos de asesinar a Fidel Castro.

Fue operador en América Central y en Argentina de Mas Canosa, que murió en 1997. Algunas versiones sindican a Manzano como la persona que obtuvo del cubano un significativo aporte monetario para la reelección de Menem en 1995, y que el nexo fue la ex funcionaria menemista Adelina Dalesio de Viola, que presidió en Argentina Mas Tec, una empresa de acciones de bolsa fundada por el cubano.

Manzano también estudió finanzas en Estados Unidos, arquitectura financiera para definir de alguna forma sus intenciones. En 1995 creó una consultora, Integra, con sede en Washington, Miami, Buenos Aires y Mendoza. Para entonces, era común verlo en Miami, con aire distendido, en los bares coquetos de Ocean Drive.

En 1996, ya de regreso en el país y harto de que sus íntimos lo llamaran, con mucha ironía “el tirano prófugo” Manzano se asoció a Daniel Vila para crear el multimedios Grupo UNO. Tiempo después, ambos se reunieron en Miami con Mas Canosa. De allí nació, luego de un suculento aporte económico del cubano, Supercanal Holding SA, valuado hoy en más de 800 millones de dólares.

El “Grupo UNO” de Vila y Manzano (también se lo conoce así) enfrentó en la última década varias denuncias penales por administración fraudulenta en perjuicio del diario La Capital de Rosario (ver abajo), por lavado de dinero, por evasión fiscal y por espionaje, escuchas telefónicas que, según esas denuncias, se hicieron con las camionetas de Supercanal.

En 2005 la ex funcionaria menemista María Julia Alsogaray involucró a Manzano en el cobro de sobresueldos durante la gestión de Menem. En 2008, el gobernador mendocino Celso Jaque adjudicó a una empresa de Vila y Manzano siete de las doce áreas disponibles para exploración petrolera en la zona de Cuyo.

A inicios de este mes y abandonada ya la idea de pugnar por la gobernación de Mendoza a raíz de su mala imagen, Manzano volvió a la Casa Rosada. Allí se entrevistó con el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, para trazar la estrategia del Gobierno y del grupo Vila Manzano contra la empresa Cablevisión.

De las lealtades políticas del ex ministro, da cuenta Roberto Dromi, que integró aquel trío de “los mendocinos” durante el desguace del Estado en el gobierno de Carlos Menem: “Manzano -dijo Dromi- no es de nadie. Manzano es.… de Manzano”.
*El Diario Los Andes pertenece al Grupo Clarín

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Vila-Manzano tenían una dura lucha en los tribunales de Rosario por una demanda que les inició Carlos María Lagos, al que le compraron el Multimedios La Capital y no le pagaron. Lagos los denunció penalmente por administración fraudulenta, asociación ilícita y estafas.
El Juez Carlos Triglia (foto) reunió pruebas y pericias para demostrar el vaciamiento de la empresa mediante fraudulentos préstamos de La Capital al Grupo UNO de Manzano-Vila.

Se disponía a dictar procesamientos, cuando comenzaron los problemas para el respetado juez. Le inventaron una causa penal por coimas para apartarlo de esta investigación, basándose en apócrifos e ilegales videos.

A Triglia le fabricaron una causa penal por coimas para apartarlo de la investigación. El 15 de noviembre de 2005, el diario La Capital publicó: “Procesado por intento de extorsión a varios directivos de La Capital. El empleado del Pami, Juan Mangiamelli, había exigido $ 3 millones para interceder por una denuncia”. La nota revelaba una trama que involucraba el juez, que falleció en abril del 2005 sin poder limpiar su nombre, salpicado por el caso.

Otro Juez, Carlos Carbone, recordó a su amigo: “había indagado a dos directores de un medio local, uno otrora funcionario del gobierno nacional de turno, donde sufrió la traición de algunos abogados a quienes confió que los procesaría, uno amigo y ex empleado. Luego aparece una denuncia radicada en Buenos Aires donde habrían filmado a una tercera persona que reclamaba una suma de dinero en su nombre para no procesarlos. Ante eso pretendieron apartarlo de la causa y lo lograron. La causa varió de rumbo y resultado.
 
Una vieja y efectiva maniobra que esta gente ha implementado en otra provincia y con éxito”, refiriéndose al caso del juez Luis Leiva, hostigado desde que ordenó prisión para Raúl Moneta, amigo y asociado del dúo Vila-Manzano.

En la acción civil Lagos fue representado por Ricardo Silberstein, decano de la Facultad de Derecho, contra quién lanzaron una feroz operación de prensa, atribuyéndole tráfico de influencias para acomodar a su hija.

Por toda prueba dijeron haber recibido en forma anónima unos casetes con escuchas telefónicas, que en realidad eran intercepciones ilegales realizadas por ellos. Posteriormente una investigación realizada por la Universidad de Rosario dictaminó que no hubo irregularidades.
Fuente: Luis Balaguer

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